
La fotografía es para mí un diálogo silencioso —
así como la pintura es una conversación con el lienzo,
la fotografía lo es con la luz y el instante.
Como ante una amapola, no comienzo por la forma,
sino por lo que se siente: suavidad, movimiento, aliento.
Encuentro belleza también en lo efímero —
en huellas, estructuras, objetos olvidados.
Cuando la cámara me acompaña a la calle,
busco instantes ocultos, pequeños gestos
y emociones.
Así, la fotografía se convierte para mí
en una forma de sentir la vida — no de explicarla.

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